La sencillez de un artista de pura cepa

Calidez y humildad definen la esencia del reconocido pintor mendocino Antonio Sarelli. Desde el jardín de su casa en Villa Hipódromo, nos abre las puertas de su impresionante atelier para contarnos detalles de su vida y obra.

Sarelli es uno de los artistas plásticos más importantes de nuestro país. Sus obras tienen una riqueza artística y simbólica notables. En su vasta trayectoria, ha pintado más de dos mil cuadros, quinientos de ellos ubicados en colecciones públicas y privadas dentro y fuera del país.

SOBRE SU PINTURA

Lo que llama la atención de él es que su pintura es universal y al mismo tiempo es mendocina. En ella aparece nuestra montaña, nuestro desierto, nuestro esfuerzo por transformar la naturaleza y armarla. Ahonda en el rostro humano buscando en el rostro de la mujer a la madre, a la virgen, a la novia, a la lejana amada ideal, a todas las mujeres de su vida en un solo rostro.

Sarelli utiliza con libertad la riqueza del simbolismo y nos interna, con la mesura de los clásicos, en un clima de intensa poesía, de alusiones y sugerencias. En cada cuadro están el misterio y la ternura. El misterio porque es allí donde se dirige para encontrar un puñado de verdades. Y la ternura porque hunde la mano con todo el amor que lo guía cada vez que acomete la aventura de pintar.

Nostalgias de la infancia

Nació en Russell, Maipú y según él su infancia está plagada de recuerdos inolvidables que perduran en su memoria y han marcado notablemente su pintura. Hijo de inmigrantes italianos, su padre era un contratista de viñas. Sus primeras experiencias estéticas se remontan a principios de la década del cuarenta. A los cuatro o cinco años dibujaba sobre la tierra húmeda y emparejada en la viña ya que en esa época era difícil conseguir papel.

Destaca que tiene mucho del Renacimiento italiano. Según sus propias palabras “Uno no puede eludir la sangre, soy más de la tierra, de la chipica y el choco. Mi madre escasamente sabía leer; pero tenía una filosofía especial, la pobreza digna, el piso de tierra, no existía el gas, era la ollita con las brasas en el fogón donde se cocinaba. Mi madre luego de atender a los hijos, al marido y a nuestros abuelos tenía tiempo para cantar. Recuerdo que tocaba la mandolina, las viejas canciones de la vieja tierra. Éramos ocho hermanos y las travesuras abundaban, pero una sola mirada del viejo nos calmaba.”

Todavía visita su pueblo natal donde nos cuenta que en la actualidad una escuela lleva su nombre y allí les enseña a los chicos de la escuela primaria a jugar con el dibujo.

SUS COMIENZOS COMO ARTISTA

Fue en Carrodilla donde terminó su escuela primaria. Era una escuela nacional rural. Su maestro Fausto Julián Gutierrez, fue quien lo llevó a la Academia Provincial de Bellas Artes. En aquellos tiempos Antonio trabajaba todo el día y a la noche iba a la Academia: era cosechador de viña, carnicero.

“Mi primer cuadro lo vendí alrededor del año 1963 en una galería en la calle San Juan, donde exponían Alonso, Fader. Eran pesos moneda nacional, como si ahora fueran doscientos pesos. Era un paisaje muy chico semi-abstracto.”

En sus años de juventud el ambiente del arte en Mendoza era muy restringido, pero era un grupo muy fiel. Los profesionales eran consumidores de arte. En todos lados estaban los mismos artistas.

En su trayectoria destaca el apoyo incondicional de su esposa quien ha sido un aporte importantísimo en su vida, dándole los tiempos necesarios para poder pintar. “Su sacrificio ha sido muy intenso. Me ha dado dos hijos fantásticos y aún me tolera”, relata Sarelli.

Formó el Grupo Alfa junto a Ángel Gil, José Scacco y Alfredo Ceverino. Alquilaron un caserón en la calle Córdoba y lo acondicionaron para exposiciones. A su vez había un taller donde recibían alumnos. Con este grupo tuvieron gran proyección haciendo muestras en Buenos Aires y Barcelona. En esos tiempos sentía una enorme necesidad de tener más tiempo para hacer más taller, para pensar más. Al momento de jubilarse fue un impulso enorme el tiempo libre del que empezó a gozar.

Desde 1980 el maestro Antonio Sarelli pinta, casi todos los primeros de cada año, una obra que es en general en tiza pastel y es su manera de pensar un buen augurio para el año que comienza.

OBRAS RECONOCIDAS

“Cielos íntimos”, “Estado de contemplación” y “Cosmos idealizados” “Constelaciones”, que alude al cielo y los grupos estelares.

“Venus de Tiziana”, “Venus andina” y “Adolescente en gris” son algunos de los exponentes en los cuales la mujer recupera protagonismo.

Experiencias es una serie de obras que representa su espíritu inquieto y donde se reflejan las nuevas búsquedas de distintos recursos plásticos. Figuran “Trampa visual”, “El espejo” y “Símbolos”, entre otros, donde incorpora la técnica del collage.

“La casa de mis sueños’: fue entregado en 1968 a la Bolsa de Comercio

Su óleo “Símbolos de Ofrenda” fue obsequiado por la cancillería Argentina al Papa Juan Pablo II en 1997.

SABIAS REFLEXIONES

Tímido y de pocas palabras, pero con una visión muy realista del arte señala que “la vida es una sola y una continuidad de sucesos que te van marcando como destino. Las vivencias de mi niñez son exactamente las mismas de ahora, el goce estético que sentía de niño emparejando la tierra y dibujando con un palito lo que veía, es el mismo que me invade cuando tomo el pincel y pinto sobre tela. Ese principio generador me ha unido toda la vida. Por eso no puedo separar el arte de la vida cotidiana”.

Entiende que “en el arte todos los días hay una dialéctica nueva” y que “las vanguardias son siempre las mismas ya que en definitiva lo que queda es la buena pintura”.

“Oficio, música, poesía e imagen”, son los elementos que hacen falta para una buena obra, aventura Sarelli, “son como las patas de una mesa y no pueden faltar para que se sostenga”.

La pintura es una aventura. La mente te lleva la mano al corazón. Pintar es un acto de libertad, pero a la vez un compromiso con uno y con el medio. No se trata de un pasatiempo sino de una actitud ante la vida.

Una verdadera obra de arte tiene que tener técnica, originalidad, temporalidad, un mensaje. Ese misterio que te hace poner los pelos de punta, lo que te conmueve.

“EL ARTE QUE PERDURA ES EL AUTÉNTICO, EL QUE SE ACUNA EN LA PROPIA IDIOSINCRASIA Y NO EL QUE SE PONE DE MODA.”

“OFICIO, MÚSICA, POESÍA E IMAGEN SON LOS ELEMENTOS QUE HACEN FALTA PARA UNA BUENA OBRA”

INFORMACIÓN PERSONAL

•Nació el 26 de agosto de 1936.
•Se diplomó como Profesor de Bellas Artes en la Academia Provincial de Bellas Artes. Posteriormente se desempeñó como profesor colaborando en la formación de nuevas generaciones de artistas.
•Recibió 18 importantes premios en salones provinciales y nacionales. Desde 1986, por decisión propia, no participa en concursos.
•En 1995 recibió el reconocimiento por su destacada trayectoria artística de parte de la Honorable Cámara de Diputados de Mendoza.

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