Ascenso, aire puro y naturaleza

por Marina Lima

Todo amante de la naturaleza y la adrenalina sueña con subir el Aconcagua. En esta nota claves para iniciarse en este deporte que supone ser conciente de las medidas de seguridad y del respeto al entorno.

Desafiar la naturaleza llegando a lugares inexplorados o muy poco conocidos, en eso consiste el andinismo. Como su nombre lo indica, este deporte de riesgo radica en ascender las cumbres de la Cordillera de Los Andes. Esta actividad está dentro de lo que genéricamente se conoce como montañismo y su distinción es la elevación que se alcanza.

Llegar a la cumbre del cerro Aconcagua, a una altura de 6.962 metros, es el anhelo máximo de todo el que comienza a practicar esta apasionante propuesta.

En su origen, este deporte combinaba propósitos de exploración e investigación. En la actualidad es una manera de tomar contacto con la naturaleza, ampliando la autoconciencia sobre la base del respeto hacia los demás y hacia su entorno. Esta actividad es la instancia en que el hombre se enfrenta a situaciones extremas caracterizadas por temperaturas intensas, falta de oxígeno o tempestades, en las grandes alturas.

Las excursiones y ascensos pueden ser de media o alta montaña, definición que se establece, básicamente, por el clima, y cuyo trabajo requiere de una organización de grupos que se denominan cordadas. A pesar de lo complicado que pueda parecer, el andinismo no es excluyente en lo que a edad se refiere, ya que con una buena preparación física e implementación se puede practicar hasta los 80 años o más.

Los expertos aconsejan empezar con excursiones o caminatas de baja dificultad y altura, actividad denominada trekking, para lo que no se necesita más que ropa cómoda de algodón y zapatillas de la especialidad.

La forma más fácil de comenzar a subir es participando de alguno de los cursos para dirigidos por guías especializados en el tema. Ellos son quienes poseen el conocimiento de los peligros del terreno y los mejores días y horarios para afrontar un ascenso.

El riesgo mayor cuando se escala en alta montaña es quedar tan seducido por su belleza que olvide que son potencialmente peligrosos.

En las montañas más elevadas del mundo, los peligros de avalancha, frío y agotamiento aumentan; pero un peligro potencial para todas las expediciones que suben por encima de 4.500 m son las enfermedades de altitud. El edema pulmonar (retención de agua en los pulmones) y el edema cerebral (lo mismo en el cerebro) han terminado con la vida de montañeros experimentados. Para que esto no ocurra es de suma importancia aclimatarse.

La aclimatación consiste en una escalada en fases lentas, dando al cuerpo tiempo para adaptarse a la decreciente presión del aire y del contenido de oxígeno. Como una pauta, la mayoría de las personas pueden aclimatarse a unos 5.500 m en dos semanas si suben en fases lentas. Ligeros dolores de cabeza y náuseas son corrientes al alcanzar una nueva altura y son un aviso para esperar un día antes de seguir subiendo. Los dolores de cabeza crónicos, la pérdida de visión, los periodos de inconsciencia y el borboteo en los pulmones son los síntomas del edema, por lo que la única cura segura es bajar inmediatamente.

Requisitos o reglas del juego

Lo primero que necesita tener una persona para practicar andinismo es la condición física. Este es un requisito previo para la aplicación de las técnicas. Para incrementar la capacidad de rendimiento se requiere de un entrenamiento específico de resistencia, fuerza y movilidad.

Además de condiciones físicas, el andinista debe contar con algunas características personales definidas. Influyen en este sentido las cualidades psíquicas sobre las que puede actuar conscientemente como, por ejemplo su fuerza de voluntad, motivación, experiencia, temores, mentalidad de rendimiento, etc.; todos estos son factores importantes a la hora de evaluar la capacidad de rendimiento que posea el deportista.

La carencia de una buena condición física y también de una alimentación rica en vitaminas puede provocar, entre otras cosas, el mal de la altura. Los síntomas son: falta de aire, mareos, dificultades para respirar, dolores de cabeza, vértigo, molestias gastrointestinales e incluso, en casos más graves, pérdida del conocimiento. La forma de prevenir a su aparición es consumiendo vitaminas, en especial C y E. Éstas prevendrían el mal de altura ya que aumentan la capacidad antioxidante del organismo y atenúan el daño celular causado naturalmente dentro del cuerpo.

Equipamiento

Contar con equipo adecuado ayuda al andinista a disfrutar a pleno la travesía y siempre va a depender de lo compleja que sea la excursión. Algunos elementos generales son:

– Rompeviento

– Campera de polar

– Ropa de tela que permita evaporar la transpiración, abrigue y sea liviana como el polipropileno

– Medias de lana

– Guantes

– Gorro, en lo posible de fibra polar porque no guarda la humedad, es liviano y abrigador.

– Pasamontañas

– Lentes de sol cerradas, con filtro solar UV, como los de ski, que proteja los ojos del viento

y la tierra.

– Bastón para caminar

– Zapatillas cómodas, que varían según las características de clima y superficie.

– Crampones, son clavos que se ponen en los zapatos para caminar por la nieve.

– Cuerda resistente.

– Mochila

– Bolsa de dormir

– Agua

– Cocina y artículos para cocinar

– Botiquín de emergencia

– Ración de marcha, alimentos nutritivos, energéticos, proteicos. Deben ser fáciles de llevar y cocinar, como sopas, pastas o frutas secas.

Andinismo de exploración

El ser humano tiene el innato instinto de recorrer, buscar, descubrir y el deseo de descollar siendo el primero. El andinismo de exploración conjuga esto y mucho más ya que el que practica esta rama del deporte también se interesa en todo lo que puede observar de interés arqueológico, antropológico, geológico, ecológico, faunístico, florístico, etc. y se ocupa de preservarlo y cuidarlo. Para ello aprende por lo menos lo básico de estas ramas científicas y se convierte en un verdadero auxiliar de ellas.

Es volver a los comienzos del andinismo, cuando los primeros andinistas forzosamente debían recorrer zonas inexploradas y aun no cartografiadas. Ellos se convirtieron en “cientistas”, montañistas avezados en diferentes disciplinas que al finalizar sus viajes volcaban las experiencias y conocimientos en extensas y voluminosas obras, las cuales fueron y son guías para las generaciones posteriores. Al principio fueron todos extranjeros pero poco a poco algunos argentinos siguieron el ejemplo y luego muchos. Sus nombres han quedado grabados en letras de oro.

Meteorología andina

En las altas cumbres, las tormentas pueden ser letales. Algunos escaladores muy buenos han tenido dificultades al ser sorprendidos por grandes tormentas de verano en el Aconcagua. Para esto los modernos pronósticos han hecho de la escalada andina un juego más seguro. Pero, de todas maneras, los meteorólogos pueden equivocarse y si se encuentra en una vía larga y remota, donde el abandono es difícil, es prudente llevar protección de emergencia.

Durante el tiempo cálido del verano son corrientes las tormentas por la tarde.

El cerro Aconcagua

Con una extensión de 6.962 metros, el cerro Aconcagua, es el pico más alto del mundo fuera de Asia, además de ser la cumbre de mayor elevación de los hemisferios Sur y Occidental. Este gran pico forma parte del sistema montañoso conocido como la Cordillera de los Andes.

Se encuentra en nuestra provincia, dentro del Parque provincial Aconcagua, y es una montaña muy frecuentada por andinistas de todo el mundo, con una entrada de 6000 a 7000 visitantes por temporada, que se extiende entre diciembre y marzo.

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