El término adolescencia proviene del latín adolescer, y significa ir creciendo, desarrollarse hacia la madurez. La psicóloga Mirta Baidal habla sobre esta controvertida etapa del desarrollo de una persona y explica cómo entender sus conflictos y cambios de humor
Bertrand Russel, filósofo y escritor británico, decía en una de sus obras que “algunos padres y colegios empiezan con el intento de enseñar a los niños una obediencia absoluta, iniciativa que está condenada a producir esclavos o rebeldes”.
Lograr el equilibrio entre libertad y prohibición es la difícil tarea que se nos presenta a los padres, en todas las etapas de la vida de nuestros hijos y sobre todo en la educación de un hijo adolescente.
Hay que tener en cuenta que esta etapa es un proceso, es decir, comienza, continúa y progresa. Mientras que el niño, era cada vez menos niño, el adolescente, durante algunos años, será cada vez más adolescente. Hasta que no llegue a la etapa de superación para entrar en la juventud, su problemática será cada vez más profunda. Los cambios que se producen en él pueden comenzar tumultuosamente o más o menos lento, de cualquier manera lo confundirán. Es chico para algunas cosas, es grande para otras. No sabe cómo conducirse. Los adultos no saben cómo tratarlo. Desea ser bello o bella, pero los continuos cambios que sufre su cuerpo lo agobian. Hay cosas que ya no desea, los juguetes de niños, el regazo de su madre. Pero habrá momentos en que jugará con niños menores como rondará alrededor de su madre, deseará que se ocupen de él, pero le molestará si le hacen preguntas.
Será un huésped en su casa, en donde la familia ya no será para él lo que era antes. El varón se encargará de resaltar los defectos de su padre y la joven de las debilidades de la madre. Necesita rebelares contra alguien y lo hace contra lo que tienen más cerca: sus padres, sus hermanos, sus ropas, los horarios. Su agresión será verbal y física contra sillas o puertas que golpeará por ser una manera de desplazar contra esos objetos la ira que no puede descargar contra las personas.
El adolescente, suele buscar refugio ensimismándose y desde su soledad mira el exterior que no lo comprende y en el que desearía participar. Siempre tendrá su propia versión de las cosas y discutirá para afirmar su posición en el mundo. Y aún en los casos en que los puntos de vista no sean tan dispares, mantendrá su oposición porque no puede volver atrás. Sería admitir que aquellas ideas o consejos contra los que ayer se rebeló, hoy resulta resultan coherentes o necesarios.
Pero esta agresividad e la que hablamos no es otra cosa que su manera de manifestarse, es su forma de demostrar que tiene derecho al pensamiento y a la opinión paralela a la de los adultos.
Esta apariencia parece que viene a anular todo lo anterior, todo lo positivo que el individuo tenía como persona, pero esto no es así. Es sólo el tránsito de la persona que era el niño de ayer, hasta el hombre maduro del mañana. Claro que esta etapa modifica, varía su persona, pero no anula nada.
Cada adolescente es diferente, ninguno es igual a otro, y lo que hace que esto sea así es que cada uno de ellos es la continuación del niño que fue. Enlazamos globalmente los rasgos del adolescente en general, pero cada uno mantiene su peculiaridad porque según como ha sido su niñez será su adolescencia.
El niño que era introvertido ahora tenderá al aislamiento, se sentirá solo en el mundo. El extrovertido será más agresivo, se explayará en discusiones, manifestará más abiertamente sus disidencias. El sumiso, en cambio, tratará de disimularlas, el obstinado se complacerá en marcar las diferencias con los adultos. El decidido provocará todos los diálogos querellantes que tenga ocasión. El tímido convertirá su oposición en insinuaciones solapadas pero más hirientes.
Y así como estos, muchos ejemplos que podríamos enumerar, pero en general, el niño que haya pasado una infancia feliz, alegre, con buen contacto con la realidad tendrá una adolescencia más calma, menos contradictoria. En cambio, la infancia que ha transcurrido por cauces de imposiciones, que no se le permitió ser espontáneo, de dogmas rígidos, será una adolescencia más rebelde, más negativista.
El que vivió la niñez en una familia desvanecida, sintió truncadas muchas ilusiones, seguramente tendrá una adolescencia más resentida y antisocial. La infancia que transcurrió sin vigilancia, con todos los caprichos sueltos, será una adolescencia impertinente en la que irá tanteando todos los caminos para abandonarlos.
Es imposible querer sintetizar la amplísima gama de conflictos que posee el adolescente, sus cambios, sus miedos, sus expectativas, si dejar en el camino muchas de ellas y todas importantes.
Pero conocer lo que le sucede nos ayudará a comprenderlo y acompañarlo en su trayecto hacia la madurez y ese rebelde oponente que hoy tenemos con nosotros será nuestro mejor amigo mañana.
Los conflictos de la adolescencia
*Es chico para algunas cosas, es grande para otras.
*No sabe cómo conducirse. Los adultos no saben cómo tratarlo.
*Desea ser bello o bella, pero los continuos cambios que sufre su cuerpo lo agobian.
*Hay cosas que ya no desea, los juguetes de niños, el regazo de su madre. Pero habrá momentos en que jugará con niños menores como rondará alrededor de su madre.
*Deseará que se ocupen de él, pero le molestará si le hacen preguntas.
*Será un huésped en su casa, en donde la familia ya no será para él lo que era antes
*Necesita rebelares contra alguien y lo hace contra lo que tienen más cerca: sus padres, sus hermanos, sus ropas, los horarios.
La adolescencia es un proceso, hasta que el individuo no llegue a la etapa de superación para entrar en la juventud, su problemática será cada vez más profunda.
Las manifestaciones del adolescente se corresponden con las del niño que fue. Mientras más feliz, alegre, con buen contacto con la realidad que haya sido su niñez, tendrá una adolescencia más calma, menos contradictoria.
Agradecimientos:
Mirta Alicia Baidal
Lic. en Psicología

