Plantas de Interior

por Marina Lima

Las plantas de interior añaden algo de calidad a nuestras vidas, por lo cual debemos sentirnos agradecidos. Las plantas viven y crecen a su propio ritmo y poco podemos hacer para acelerarlo, salvo satisfacer sus necesidades básicas.

Son una especie de mobiliario vivo, una decoración que contribuye a que las habitaciones resulten más confortables y menos rígidas. Se experimenta una sensación de triunfo cuando aparecen nuevas hojas o cuando se ven nuevas flores.

¿Cómo podemos definir a las plantas de interior?

Son las que se cultivan dentro de casa, ya sea por sus hojas ornamentales o por las flores, o ambas cosas a la vez. No solo han de ser capaces de sobrevivir, sino también de crecer en el medio en que nosotros vivimos y trabajamos, hay que tener en cuenta que ese ambiente cambia a diario y no está pensado para las plantas. Requieren, para vivir y crecer, básicamente una gran intensidad de luz diurna, que puede completarse artificialmente con bombitas especiales o tubos fluorescentes. No obstante, a la mayoría les perjudica el sol directo, sobre todo en los días de verano, porque puede llegar a quemar sus hojas. Cuanto más verde sean las hojas mayor posibilidad tienen de sobrevivir con éxito en un interior con poca luz.

Algunas especies toleran mejor que otras la calefacción del ambiente, aunque la humedades lo que más necesitan todas. Se pueden colocar las macetas sobre piedras húmedas o rodearlas con musgo o turba mojados en un recipiente exterior.

Es importante saber cuáles son las necesidades particulares de cada especie y regarlas solo cuando haga falta, la mayoría, salvo los helechos y unas cuantas amantes del agua resisten períodos de sequía, porque el exceso de riego es una de las principales causas de mortalidad de las plantas cultivadas en interior. Si le parece que las regó demasiado, déjelas secar de manera natural en un lugar aireado, durante tres o cuatro días.

El cuidado de las Plantas de interior

Sabemos que las llamadas “plantas de interior” son las que naturalmente crecen en el sotobosque, es decir, debajo de grandes árboles en un bosque natural y por eso, por sus condiciones de luz y humedad se adaptan para vivir en el interior de las viviendas, siempre que mantengamos lo más similares posibles sus condiciones naturales, pero para que estén sanas y desarrollen hay que tener en cuenta ciertas atenciones.

Si tenemos en cuenta que ninguna planta crece en estado natural dentro de una maceta o recipiente, deben hacerse de vez en cuando ciertas operaciones para mantenerlas sanas y bajo control.

Lo primero a tener en cuenta es el cambio de maceta. Se hace para que el sistema radical se conserve sano. Hay que averiguar ante todo si a la planta le ha quedado chica la maceta, es decir, si el suelo no es otra cosa que raíces sin tierra. A veces su mismo aspecto nos lo demuestra, porque resulta desproporcionado para el recipiente, no produce nuevos brotes en primavera o incluso algunas raíces asoman por el orificio del fondo de la maceta. Sin embargo, la manera más segura de averiguarlo es invertirla. Golpear su borde, de ser posible por el tamaño, sobre una superficie dura y tirar un poco de la planta para inspeccionar sus raíces.

Antes del cambio de maceta es conveniente regarla con abundancia y dejar que escurra el exceso de agua, después no se la debe regar por dos o tres días, así las raíces tienen que empezar a explorar el sustrato en busca de humedad. A pesar del cambio de maceta algunas plantas, en especial las de crecimiento rápido, no siempre obtienen del sustrato los nutrientes suficientes. Otras veces tienen un tamaño excesivo que imposibilita el cambio, entonces resulta necesario alimentarias cuando están creciendo o dando flores. El método más fácil para abonarlas es con el agua de riego mediante un fertilizante soluble o granulado, colocando en la maceta una cucharada y luego regando, o através de un abono foliar que se rocía sobre las hojas. No debe aplicarse nunca más de lo que dicen las instrucciones.

La mayoría de las plantas necesitan una poda regular, para algunas es solo cuestión de higiene y aspecto, y para otras, solo hay que cortar las flores marchitas y las hojas muertas o estropeadas. Deben utilizarse siempre tijeras bien afiladas, no oxidadas, y limpias.

El sustrato que debe utilizarse con las plantas para interior es algo vital para algunas, mientras que otras, prosperan con cualquier tipo, toda el agua y los minerales que la planta requiere para su crecimiento son absorbidos desde el sustrato a través de las raíces. No debe utilizarse nunca tierra de jardín, porque se dificulta el drenaje y tiende a compactarse rápidamente. El sustrato para macetas ha sido tradicionalmente un arte y un misterio. Siempre hay que hacer las mezclas con resaca o tierra mejorada que le otorgan nutrientes, la turba le aporta retención de agua y aireación y la arena facilita el drenaje.

La mayoría de los preparados comerciales se basan en estos componentes. Si son con mayor proporción de turba será indicado para especies que requieren suelo algo ácido como los helechos, por ejemplo.

No hay que olvidarse al armar la maceta que lo primero que debemos colocares un capa de al menos 4 o 5 cm de Ieca o algún producto drenante como piedras o canto rodado. Luego se completa con sustrato y se planta.

La luz necesaria

Es un componente indispensable para la vida de una planta por lo que, en el momento de elegir el lugar que ésta va a ocupar, será necesario optar por aquel en que exista una buena iluminación solar o bien alumbrarlas artificialmente. Sin embargo, cuando una planta está situada en un lugar demasiado luminoso, algunas hojas quedan amarillentas y caen. El exceso de luz provoca quemaduras y necrosis que afectan al crecimiento de la planta. Por el contrario, si una planta dispone de escasa luz se marchita.

Es bueno darla vuelta regularmente ala planta para que reciba la misma luz en todas sus partes, porque si no existe el riesgo de que la planta se tuerza buscando la luz necesaria para su existencia. En invierno, cuando el sol no es tan fuerte, se

pueden colocar las plantas más cerca de la ventana y retirarlas un poco en verano. Un consejo muy útil es no poner nunca una planta que ha estado en sombra o a media sombra al sol directamente, ya que se podrían quemar las hojas.

Una planta necesita diariamente entre 12 y16 horas de luz. Cuando no les llega en cantidad suficiente, la solución es la luz artificial. Existen lámparas incandescentes que imitan la luz natural y que son muy prácticas en estos casos.

Temperatura y humedad.

Las plantas oriundas de regiones cálidas y húmedas deben ser vaporizadas para compensar la pérdida de agua provocada por la evaporación y la transpiración, y mantener, de esta forma, un ambiente propicio para su desarrollo. La falta de humedad se evidencia en una planta porque se pone amarilla y se le caen las hojas, al mismo tiempo que dejan de crecer y disminuyen su tamaño.

Para resolver este problema, basta vaporizar a diario el follaje con agua pura, pero, como no siempre se puede llevar a cabo esta tarea (podríamos estropear cortinas y muebles), lo mejor es hundir las macetas en turba húmeda, ya que ésta mantiene la humedad atmosférica. Otro método consiste en cubrir un plato con un lecho de grava, llenarlo casi de agua y colocarla maceta sobre los guijarros. También, en algunas condiciones, la mera presencia de una fuente o un jarrón ornamental lleno de agua, basta para mantener un grado de humedad constante.

En cuanto a la temperatura, se puede decir que, en condiciones normales, una planta necesita para desarrollarse una media que vane entre los 12 grados, en invierno, y los 24 grados, en verano, ya que no tolera bien las variaciones bruscas de temperatura, que detienen su crecimiento y provocan la caída prematura de las hojas.

La repisa de una chimenea, por ejemplo, puede ser un soporte muy decorativo para las plantas colgantes, pero es necesario cambiarlas de lugar antes de encender el fuego porque el calor las mataría. El alféizar de una ventana es otro lugar donde se registran altas temperaturas hasta el punto de resultar intolerables para las plantas; este lugar en invierno tampoco es adecuado por el frío y las corrientes de aire. Además, hay que ser prudentes con algunas instalaciones, como las del aire acondicionado, perjudicial cuando la planta está cerca, y las de la calefacción (algunos sistemas mantienen con dificultad una temperatura constante sin secar el ambiente).

Un riego apropiado

Este aspecto dependerá de la naturaleza de la planta y de la evaporación que en la misma se origine. Así, las plantas de hojas amplias y tiernas tendrán mayor necesidad de agua, mientras quelas de hojas estrechas y duras requerirán riegos

menos frecuentes, incluso prácticamente nulos en las épocas frías, de reposo vegetativo. Por otra parte, la necesidad de riego será mayor cuanto más elevada sea la temperatura, pues en este caso la transpiración de la planta será también mayor y la pérdida de agua por las hojas resultará cuantiosa.

Por norma general, las plantas de interior presentan menor evaporación y, consecuentemente, necesitan menos agua, es decir, riegos más espaciados, salvo

que las condiciones de calefacción provoquen una sequedad excesiva. En este supuesto, al igual que en verano, los riegos han de ser más frecuentes para mantener la planta fresca y ligeramente húmeda, sin llegar al encharcamiento. Las plantas que necesitan menos riego durante el reposo vegetativo son las de hoja caduca, los bulbos, los rizomas, los tubérculos, las plantas crasas y las de reposo absoluto.

Antes de regar es preciso examinar con cuidado la tierra en la superficie de la maceta para ver el grado de humedad que posee. Una maceta está bien regada y no necesita más agua cuando, tomando un poco de tierra con los dedos, está húmeda, pero apretándola no gotea.

Los nutrientes

Las plantas necesitan ser alimentadas para subsistir, ya que las reservas naturales de la tierra se agotan. De esta forma el uso de abono, líquido o sólido, orgánico o inorgánico, es totalmente necesario. Toda planta necesita tres elementos nutritivos importantes: nitrógeno, necesario para el crecimiento; fósforo, imprescindible para la formación de las hojas nuevas y los brotes de las flores; y potasio, útil para dar robustez y resistencia. Además de estos tres elementos, un abono aporta los llamados oligoelementos (magnesio, azufre, hierro, boro, cobre), indispensables para la vida de una planta.

You may also like

Leave a Comment

Are you sure want to unlock this post?
Unlock left : 0
Are you sure want to cancel subscription?
-
00:00
00:00
Update Required Flash plugin
-
00:00
00:00