Revista Alta Gama

Volver a la rutina

Sin importar la cantidad de días que hayamos estado de vacaciones, volver al trabajo implica la finalización del placer para volver al deber. Consejos para aminorar el impacto.

Las olas, el viento y el ruido del mar quedaron atrás. Esos gloriosos días donde la única preocupación era cómo divertirnos y qué exquisitez probar, pasaron casi imperceptiblemente. Ya es hora de volver a la rutina, al trabajo, las obligaciones y responsabilidades.

Esta situación mental genera muchas veces lo que los psicólogos llaman estrés post vacacional. Este estado puede generar desde síntomas depresivos hasta malestares físicos como por ejemplo bajón anímico, cansancio, pesadez del cuerpo, angustia, depresión, dificultad para conciliar el sueño, entre otros.

Para que esta condición no llegue a afectarnos en nuestro desempeño futuro hay que tener en cuenta ciertas recomendaciones para que el cambio de las vacaciones al trabajo no sea tan brusco.

Posibles causas

Según coinciden los especialistas el estrés post vacacional tiene que ver con la ansiedad de adelantarse mentalmente a lo que se viene tanto en la oficina como en el hogar. Lo normal es que dure aproximadamente unos 10 días que es el tiempo de transición, si la persona no se logra recuperar de esta situación es muy posible que se trate de algo más profundo.
La realidad es que volver a la rutina genera un quiebre mental. Es el paso de un ritmo relajado -que muchas veces se consigue con esfuerzo- para de repente volver a la enredada vida que nos trae, además de sorpresas, todo aquello que habíamos postergado para “cuando vuelva”.

Además, al diario vivir suele recordarnos aquellas posibles frustraciones que podemos llegar a tener en nuestros ambientes de responsabilidades. Si es en nuestro trabajo puede ser los aumentos que no logramos conseguir, la relación con algunos compañeros o esos deseos de progresar que suelen retrasarse.

Para quienes no trabajan fuera, pero tienen responsabilidades en el hogar, también implica reunirse con aspiraciones insatisfechas como electrodomésticos que dejaron de funcionar o la conducta de nuestros hijos.

¿Cómo empezar de nuevo?

Una excelente alternativa es ir incorporándose a la rutina pero de apoco. Asistir a la oficina pero trabajar menos horas o hacer las cosas de la casa pero seguir manteniendo cierto rato de ocio.

Porque, a pesar de ser muy criticado, el ocio es un elemento favorable y necesario en las actividades diarias y hay que saber aprovecharlo para que la vida no se vuelva monótona.

Lo ideal es planificar la primera semana con tranquilidad, atendiendo solamente las cosas más importantes, teniendo en cuenta que nada es tan imprescindible como para quitarnos nuestra salud mental.

La readaptación lenta al clima diario podrá prevenir posibles situaciones incómodas y la sensación de necesitar “vacaciones urgente” apenas se ha vuelto a la rutina.

Bajar el nivel de autoexigencia también es una opción  favorable para poder disfrutar más del trabajo y conviene tomarlo como una actitud para todo el año.

Otra recomendación para que sea más fáci es hacerse una escapada en los primeros fines de semana u organizar salidas con amigos de manera tal de poder  pensar en relajarse y recrearse de manera semejante a las vacaciones.

Uno de los efectos que se hace notar cuando se retorna a la tiranía del reloj es la “lentitud”. Sin embargo, en realidad no se trata de estar menos rápidos, sino de evidenciar la locura de la vorágine en la que vivimos y es sólo en ese momento cuando percibimos que vivimos en un ritmo desorbitado

Consejos para aminorar los excesos

Una de las posibles consecuencias de las vacaciones son los desórdenes que cometemos, sobre todo con las comidas. Esta situación que fue normal durante lo que duraron los días de descanso puede llegar a trasladarse al retomar nuestra vida cotidiana.

Como durante este tiempo de relax muy probablemente hayamos abandonado los hábitos saludables, no debe sorprendernos si ganamos algunos kilos de más.

La razón es simple: nos enfrentamos a una avalancha de alimentos que no se consume normalmente y en porciones más grandes a las que estamos acostumbrados. Es difícil eludir la tentación. Pero cuando terminan las vacaciones, hay que volver a la rutina para restablecer nuestro mejor peso y hábitos más saludables de alimentación.

Algunos consejos para lograrlo:

*Comer porciones adecuadas. El primer paso es retomar el tamaño de porciones correctas, al principio nos sentiremos un poco insatisfechos, pero hay que poner voluntad y superar esa sensación.

*Reorganizar los horarios. Los horarios de las comidas también sufren desarreglos en las vacaciones: desayunos salteados porque uno se levanta tarde, o el día se convierte en una especie de ingesta continúa de comida. Lo mejor es realizar al menos las cuatro comidas habituales, ya que eso hace que se llegue “con un pie puesto en el freno” a la siguiente comida, y se evita comer en exceso.

*Hidratación: Tomar gaseosas o bebidas alcohólicas, una costumbre veraniega, no implica hidratarse. La mejor manera de hacerlo es bebiendo agua. Lo ideal: dos litros diarios para las mujeres y2,5 litros para los hombres.

*No olvidar el desayuno: El desayuno nos brinda la energía necesaria para encarar el día. Lo mejor es incluir proteínas ya que permanecen más tiempo en el estómago lo que brinda una sensación de saciedad, e hidratos de carbono, que nos dan energía. Los cereales con leche, un pan con queso magro o un yogur con alguna fruta son tres alternativas útiles.

Incluir frutas y verduras: Es común que la variedad y calidad de la comida cambie durante las vacaciones, sobre todo por la inclusión de más harinas, y la exclusión de frutas y verduras. Hay que reincorporarlas e incluir las frutas tanto en desayuno como entre las comidas; en el almuerzo o la cena.

Preparar la heladera o alacena: Cuando llegamos a casa y en medio de la montaña de valijas, lo que menos tenemos en la mente es la cena o el almuerzo. Así la opción a la heladera vacía es pedir comida a la pizzería o rotisería. En vez de hacer el llamado supuestamente salvador, hay que prevenir y dejar listo en el freezer algún plato saludable, o verduras congeladas.

Retomar la actividad física: Es uno de los primeros pasos para deshacernos de los kilos extra que se acumulan en los días de ocio absoluto.

Registrar las comidas: Es probable que durante las vacaciones se pierda la noción de lo que ingerimos. El hecho de anotar y luego releer lo que se come hace que nuestro cerebro realmente registre lo que estamos comiendo.

Cocinar alimentos nuevos: Tener variedad en los alimentos es beneficioso, ya que con ello se ayuda a aumentar la variedad de nutrientes.

Un cambio de hábito

Redefinir algunos aspectos de nuestra vida por más pequeños e imperceptibles parezcan, también ayudarán a que la vuelta a la rutina sea menos tortuosa.

Por ejemplo cambiar la decoración del lugar de trabajo, agregarle fotos, incorporar objetos o comprar artículos divertidos. También ayuda cambiar los elementos diarios como la cartera o los accesorios y por último utilizar más frecuentemente la ropa que pudimos haber comprado durante las vacaciones.

Que la alegría continúe

El reto más grande es que este ánimo favorable dure por más y más tiempo, pero ahí está la tarea de reinventarse y tener creatividad para dejar la rutina de año nuevo lo más entretenida posible.

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