Raúl Soldi (1905 – 1994)

El 27 de marzo de 1905 nace en Buenos Aires Raúl Soldi, su padre, Ángel, era cantante y cellista nacido en Cremona (Italia), su madre, Celestina Guglielmino, era una campesina proveniente de la Liguria italiana, nacida en un pueblo ubicado a 35 kilómetros de Génova llamado Pinceto.

Pese al deseo de su padre porque este se convirtiera en cantante o músico, Raúl consideraba que no tenía las habilidades necesarias, por lo que nunca lo vio como una alternativa real.
Durante su adolescencia escribía poesías y cuentos. En uno de ellos narra sobre un pintor que vivía en Inglaterra y vendía sus obras a precios altísimos. Por aquel entonces sus pinturas eran imitaciones a algunas reproducciones de obras de Benito Quinquela Martín y Cecáreo Bernaldo de Quirós que aprecian en revistas de la época.
A sus 18 años viaja a Europa junto a su cuñado en busca de una solución para sus problemas bronquiales. Sacan el pasaje más económico con destino a Hamburgo, luego pasarán por Berlín, Viena, Trieste y Venecia, siendo este último destino clave en la vida del artista, puesto que allí se deslumbra por la Basílica de San Marcos, la galería de la Academia y sus museos, descubriendo así su verdadera vocación: la pintura.
Tras su regreso a Buenos Aires se inscribe en la Academia de Bellas Artes, aunque solo cursa tres meses, ya que sus padres deciden volver a Italia.

Ya en el viejo continente se ganaba la vida haciendo carteles publicitarios, principalmente para las marcas de moda.
Allí se inscribe en la academia de Brera. Reprueba la materia de dibujo, tarea que no lo gustaba realizar, pero durante el siguiente año con esfuerzo y tenacidad la aprueba, y con el tiempo reconoce que fue una materia de suma utilidad.
Forma el grupo “Los Claristas” junto a Lucio Fontana, Adriano di Spilimbergo, Giacomo Manzú, Renato Birolli y Aligi Sassú; quienes pretendían abandonar el dibujo minucioso de la época y hacer mayor hincapié en el color.
Es en Italia cuando Soldi recibe un sabio consejo de De Chirico, quién le dijo: “Tú debes pintar todos los días, incluso aunque no tengas ganas”.

Cuando contaba 26 años finaliza sus estudios en la Academia y llegado el mes de diciembre de 1931, realiza su primera muestra individual en la prestigiosa galería “Il Millone” de Milán, en donde exhibe 25 monocopias, dibujos, pasteles y témperas. Vende una de sus obras, y al poco tiempo, es el Museo de Arte Moderno de Florencia quien adquiere otras de sus pinturas.
Al finalizar la muestra en “Il Millon”, Soldi es notificado para ingresar al ejército italiano. Sin ánimos de asistir a esta citación comienza a buscar alternativas para encontrar la forma de desvincularse, lo que lo lleva a reunirse con el cónsul argentino quién le manifestó que nada podía hacer para evitar su incorporación y que la única alternativa viable para poder eludir el servicio era viajar fuera de Italia. Conociendo esto, Soldi llega hasta el lugar de la frontera donde el cruce a Suiza resultaba más fácil, y una vez allí, despliega su al lado del puente fronterizo y comienza a pintar. Tras llamar la atención de los guardias que se encontraba en el lugar estos le consultan que era lo que estaba haciendo, a lo que el artista con total naturalidad les responde que estaba pintando Suiza visto desde Italia, dejándolos satisfechos con su respuesta. Una vez terminada su pintura cruza la frontera, y cuando los guardias lo advierten él les dice que ahora necesitaba pintar a Italia desde tierras Suizas, abandonando de esta forma suelo italiano y por ende a las fuerzas armadas.

Decide volver a la Argentina pensando que todo iba a ir mejor, pero se da cuenta que vivir Buenos Aires era más difícil que hacerlo en Milan.
En junio de 1932 realiza su primera exposición en nuestro país en la Asociación de Amigos del Arte. Muestra en la que no le va de la mejor manera, ya que no vendió ninguna de sus obras, y hasta se ganó la burla de los que asistieron provocando risas y malos comentarios.
Tras esta muestra envía una de sus obras al Salón Nacional, pero no es aceptada, por lo que la obra fue expuesta en el Salón de los Rechazados o Salón “B”, donde se presentaban las obras que no habían sido del gusto oficial. Gracias a esta pintura Soldi recibiría una de las mayores satisfacciones, ya que un hombre parado frente a su creación dijo que en todo el Salón Oficial no se exhibía una pintura con la calidad que tenía la de Soldi, esa persona no era ni más ni menos que Lino Enea Spilimbergo.
Pasado ya un año de haberse radicado nuevamente en nuestro país, Pedro Blake compra su primera pintura a la suma de 45 pesos (unos 15 dólares), que serían abonados durante los próximos 3 meses. Debido a la difícil situación de ventas de sus creaciones debe ganarse la vida de otro modo. Durante un tiempo se dedicó a “la brecha gorda” junto a un socio de apellido Vignolo, comienzan a pintar casas particulares bajo el nombre de “Vignolo y Soldi”.

También comienza a trabajar en “Argentina Sono Film”, donde realizaba escenografías para algunas películas argentinas. Hizo alrededor de 2.400 telones decorativos para unas 8 películas. Esta labor le demandaba prácticamente todo el día, comenzaba a las 7am. y finalizaba a las 7pm., por lo que el tiempo para sus propias obras recién llegaba a las 2am.. Durante este período le fue prácticamente imposible pintar con luz solar, por lo que estas obras poseían una tonalidad amarillenta propia de la iluminación del ambiente, a esta etapa de sus obras se las reconoce como su “período amarillo”.
Durante 1940 recibe una beca de la comisión nacional de cultura para estudiar escenografía en los Estados unidos. Durante los 7 meses que el artista pasó en Hollywood, se relacionó principalmente con la colectividad argentina. Fue durante este viaje cuando conoció a Estala quien luego sería su esposa y madre de sus hijos Diego y Daniel.
De regreso a Buenos Aires retorna a su actividad como escenógrafo y a la pintura; pero a partir de 1945 la vida del artista de un giro a favor. Se casa con Estela Gaitán, su gran compañera, de la cual Soldi siempre habló con devoción y siempre dijo que ella era su mejor crítica: “He llegado a la conclusión de que la opinión de mi mujer es la que más me importa, porque nunca se ha equivocado”, decía Raúl. A su vez presenta una exposición individual en donde vende 3 de las 21 obras expuestas, dejándole al artista un buen ingreso y la confirmación de que va por el camino correcto.

Durante este mismo año Alcides Gubellini escribe un libro sobre su obra. Desde entonces todo es plenitud. Gana primeros premios del Salón Nacional y provincial.
Corría el año 1946 cuando su mujer le marca el camino, haciéndole comprender que su verdadera vocación era la pintura que ella lo apoyaba plenamente frente a cualquier contratiempo económico que pudieran tener; le dice “Basta de cine, a pintar todo el día”.
Al hablar de Soldi es difícil no mencionar a Glew, su historia con esta localidad surge a partir de 1947 gracias a la invitación de una familia amiga que tenía una casa allí. Al llegar queda sorprendido por lo que sus ojos contemplaban, advierte que había descubierto “su paisaje”. Seis años más tarde, y durante los próximos 23 veranos, comienza a pintar la capilla de Glew, una de sus obras más importantes. Llegaba en el mes de diciembre y volvía a Buenos Aires en el mes de marzo para que sus hijos pudieran asistir a las clases del colegio.
En 1953 pinta la cúpula de la galería Santa Fe, lo que por ese entonces era el centro comercial más imprenta de la ciudad. Para esta ocasión su obra tendrá forma de espiral, y en ella muestra las diversas actividades comerciales que se desarrollaban en el complejo.

Durante el verano de 1966, Soldí comenzó su trabajo para la cúpula del Teatro Colón. Durante 41 jornadas trabajó incansablemente desde las 7am. hasta las 6pm. en el piso 11 del Teatro San Martín, realizando en 16 telas la obra para fijar en la cúpula.
Esta obra fue presentada oficialmente el 25 de mayo de 1966, y a la misma la podríamos dividirla en 4 partes: los instrumentos musicales, un grupo de actores, un conjunto de músicos y 3 actores por ingresar a escena. Las escenas están compuestas por un total de 51 figuras que cubre los 320 metros cuadrados de la cúpula central del Colón.
Raúl Soldi Pintó a la mujer como un ángel, comenzaba con una modelo, las cuales en los primeros trazos eran similares, pero al avanzar la obra estas cada vez se iban pareciendo más y más a las mujeres de Soldi, abandonaba, utilizándola como una excusa, y se dejaba llevar.
También pintó varios paisajes. Siempre llevaba consigo unas tablitas que las utilizaba cuando percibía que el paisaje así se lo pedía. Pintaba al “plein air“ (aire libre), y de este modo poder transmitir aquellas sensaciones que le provocaba el lugar.
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Le encantaba documentar sus viajes, aunque para ser franco, la cuestión era a la inversa, el utilizaba sus viajes como excusa para pintar, que era lo que verdaderamente le apasionaba.
En ellos encontramos una sensibilidad superior, desciframos que cada una de sus pinceladas fueron tratadas con cariño, como si estuviera respetando el lugar que tan bien lo acobijó durante su estadía.
Sus paisajes son sencillos y diversos. Playas y montañas, campos y edificaciones, carruajes o bicicletas, lugares que cautivaron al maestro Soldi y que el destino quiso que hoy nosotros las podamos disfrutar.
Era muy exigente consigo mismo y decía que para que una obra suya esté terminada, debía verla y en ese momento no tenía que poder descifrar como había sido su proceso de elaboración, si lo conseguía la pintura estaba finalizada, caso contrario la tapaba y volvía a empezar.
El 21 de abril de 1949 fallece en Buenos Aires a sus 89 años, dejándonos bellísimas figuras y paisajes que contemplan amor, serenidad y armonía.
Hasta el 12 de noviembre, Colección Alvear de Zurbarán exhibe una muestra única de paisajes realizados por este genio. Algunas de sus vivencias en Córdoba, Glew, La Boca, Entre Ríos, Formosa, Salta, San Juan, Tandil, Tres Arroyos.

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