El gran escultor Pablo Curatella Manes (1891-1962)

Sin lugar a dudas estamos frente al escultor más importante nacido en nuestro país. Su relación con la escultura surge a sus 14 años. Se inició en los estudios con Arturo Dresco, quién le enseñó los principios básicos. Sus inquietudes hicieron que el aprendizaje tradicional decepcionara al joven artista que poco le interesaba seguir las disciplinas clásicas del oficio. Por este motivo, Dresco comprobó que no tenía grandes cosas para enseñarle, más que lo esencial. Es por ello que su maestro le aconsejó que viajara a Italia para continuar con su formación.

Becado por el Gobierno de Buenos Aires llega a Florencia donde tuvo su primer contacto con la obra de Miguel Ángel. Además de su asombro, encontró en estas creaciones la revelación de que el artista había realizado su obra mediante un desarrollo personal, rigiéndose por sus propias normas, concepto que seducía al artista argentino.

Curatella Manes siempre fue un artista original, tal es así que llego a confesar que sentía que se ahogaba en los museos italianos, puesto que al contemplar las obras de los grandes maestros corría el riesgo de dejarse influenciar por ellos para el resto de sus días. Sin embargo en 1911 la exposición de esculturas futuristas en Florencia le dio a Curatella Manes la dirección de su nuevo camino. Si en el dinamismo de Miguel Ángel había descubierto las razones de la primera emoción florentina, el futurismo, fue para nuestro artista otro ejemplo de libertad plástica. Aprendió que la escultura debe tender esencialmente, a la creación de planos indeterminados, un lugar donde la imaginación pueda fluir.

Cuando en Paris tomó contacto con Cezanne, Van Gogh, Seurat y Renoir, estos le revelaron una nueva objetividad de la pintura. Encaprichado con esta otra forma de expresión, frecuenta a Maurice Denis, un pintor y escritor francés, cuyas teorías contribuyeron a la fundación del cubismo, fauvismo y el arte abstracto: “Observe los detalles de la naturaleza”, le decía este que tenía palabra de oro.

Es durante este período cuando conoció a Bourdelle y se pone a trabajar como su ayudante. Curiosamente cuando este estaba dando los toque finales al monumento del General Alvear. Finalmente Bourdelle le da un sabio consejo: “Usted no tiene ya nada que aprender de mí, a menos que quiera hacer nada más que Bourdelismo.

Luego regresa a la Argentina y en 1920 retorna a Europa para quedarse definitivamente. Es durante este período donde realiza, lo que es para mi opinión, su obra más fabulosa.

Una vez, construyendo una especie de juguete sobre una placa de zinc, al cual le atribuía una forma humana. El artista argentino tuvo una especie de revelación. Así con el florecimiento del cubismo, Curatella Manes conoció el camino a su futra obra. “La Ninfa Acostada”, “Los Acróbatas”, “El Hombre del Lazo” son algunas de sus  creaciones que perteneces a esta etapa maravillosa. Entre este período y el que acababa de abandonar encontramos una diferencia bien marcada. Sus inicios muestran un carácter mucho más rígido y clásico, un ejemplo a esto es una escultura que realizó en Florencia, es un retrato a su hermana, una obra preciosa que ya dejaba en evidencia su talento y calidad de artista. Su nueva etapa nos muestra una escultura que se relaciona mucho más con entorno, donde la obra deja de ser un bloque sólido para comenzar a amalgamarse con aquello que lo rodea. Esto lo consigue gracias a que la obra juega con el espacio y las pesadas masas dan lugar a llenos y vacíos.

Si seguimos su obra a lo largo de los años, es evidente como un período fue el punto de partida para el siguiente. Sus inicios nos muestra una escultura más clásica y conservadora para luego llegar a una etapa mucho más espontánea y suelta. Será por medio de esta que logre la atracción total, presente en su último período, “Tango” realizada en 1941 y “Proyección VII” realizada en 1956 presentan un artista renovado y hasta irreconocible para quienes solo conocieron sus inicios.

Pablo Curatela manes ha sido un artista maravilloso, perseverante y comprometido. Tal es así, que poca es la obra que nos dejó, puesto que durante más de 20 años trabajó intensamente para solucionar los problemas de los argentinos en París. Ante los problemas económicos que el artista atravesaba, Marcelo T. de Alvear, hombre amante de la cultura, la da la solución al nombrarlo canciller de la embajada argentina, de la misión argentina en París. Puesto que tomo con total seriedad, y dejando a un lado su trabajo de escultor.