Creativo, original e ingenioso

Ernesto Bertani, es considerado un pintor urbano porque refleja en sus obras el sentir del ciudadano de las grandes urbes, el hombre que utiliza la vestimenta como su segunda piel.Creativo, original, ingenioso, es respetado y admirado en nuestro arte. Utiliza el aerógrafo para trabajar sus obras que realiza sobre géneros de tapicería y casimires. Anualmente presenta sus últimas realizaciones.Nació el 3 de febrero de 1949, en el barrio porteño de Villa Devoto. Desde chico se sintió atraído por el dibujo, y en la escuela secundaria llegaron a echarlo de clases por encontrarlo dibujando. Su tía Bertha Rioboo, pintora y galerista, lo llevaba a visitar exposiciones de arte y junto a ella, viéndola pintar los fines de semana descubrió que también él podía ser pintor.

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Comenzó la carrera de arquitectura, que abandonó en segundo año y por primera vez, eligió “la libertad de pintar todo el tiempo…” Para ganarse la vida ejerció los más variados oficios; y cuando logró tener una pequeña empresa dedicada al diseño y la confección de muñecos y ropa infantil, llegó el Rodrigazo, la gran devaluación de nuestra moneda durante la gestión del ministro Celestino Rodrigo, que dejó en la ruina a tantos argentinos. Paradójicamente en el caso de Bertani, el Rodrigazo tuvo la virtud de devolverlo a la pintura.

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Autodidacta hasta los 24 años, luego estudió escultura con el maestro Leonardo Rodríguez y buscando dar color a sus yesos, en 1975 comenzó a tomar clases de pintura con Víctor Chab. Dos años después realizó su primera exposición individual y obtuvo el Primer Premio de Dibujo de la Sociedad Hebraica Argentina, desde entonces se sucedieron las exposiciones y los premios.
En 1979 conoció a Mirta D´Andrea, su mujer. Dibujante y escultora, Mirtha era muy joven entonces, Ernesto en cambio, ya había pasado el umbral de los 30 y venía de un matrimonio que no resistió la comezón del 7° año. “Al principio vivíamos en un pequeño departamento que nos prestaba mi hermano y con el tiempo empezamos a construir ladrillo a ladrillo y premio a premio nuestra casa en Ituzaingó, comenzando por supuesto por el taller. Aquí nacieron nuestros hijos Mauro y Martín y aquí trabajo todos los días y sólo aspiro a seguir trabajando y a darle a mis hijos la misma libertad que yo tuve para elegir mi camino”.

Ernesto nos muestra el porteño, ese hombre que utiliza una segunda piel que es su vestimenta, para disfrazar su interior.

A través de un humor ácido y profundo es un crítico de nuestro mundo contemporáneo. La realidad y la apariencia, el amor, el sexo, el poder, la corrupción, las convenciones sociales y la identidad nacional son los temas constantes en su trabajo, y Bertani los va articulando en series. Todos los años nos deslumbra con una nueva serie, mostrando una capacidad de creatividad pocas veces vista en el arte.

Pinta con aerógrafo y pintura acrílica, logrando sorprendentes efectos ilusionistas. Es una técnica de ejecución rápida que le exige absoluta precisión, por lo cual es fundamental todo el trabajo preparatorio, es decir que realiza infinidad de bocetos antes de llevarlo a la tela. Gran dibujante, con los años se ha convertido también en un gran colorista.

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La obra de Bertani puede interpretarse como una larga reflexión acerca de nuestra identidad y la crisis de algunos valores. A través de un humor ácido y profundo se muestra como un crítico mordaz de nuestro mundo contemporáneo. La realidad y la apariencia, el amor, el sexo, el poder, la corrupción, las convenciones sociales y la identidad nacional son los temas constantes en su trabajo, y los va articulando en series, mostrando una capacidad creativa pocas veces vista en nuestro arte.
Por otro lado, su obra no está completamente aislada de la historia del arte, como ninguna producción artística lo está. Todas las producciones remiten al pasado pero no por ello son copia o mímesis de lo anterior, sino que utilizan los distintos recursos para poder “abrir un nuevo mundo”.
En la producción de Bertani se distingue gran influencia de Matisse, ya que presenta temas sociales, personajes realizando actividades diarias y sociales, con marcada musculación y bien contorneados; se evidencia la relación con el fondo de las obras, pintados a modo de telas de tapicería y de múltiples texturas en una imagen.
En Bertani no sabemos qué es realidad y qué artificio, pero podemos notar que sugiere y abre un mundo ordenado para poder seguir avanzando. Se apropia de las telas y las hace formar parte de sus pinturas a tal punto que suele creerse que él pinta los fondos floreados de sus obras a los que podemos llegar realmente contemplando las obras. Mezcla la reproductividad técnica y la creación. Peor consideremos que la reproductividad técnica no sirve si no hay qué crear y en este sentido el artista realmente “abre mundos”.

Según cuenta el artista, un día se quedó sin telas para pintar y sin dinero para comprar nuevas y tuvo que ingeniárselas con lo que tenía a su disposición para seguir pintando. Comenta que tenía un gastado pantalón de un estampado cuadriculado de estilo casimir, clásico diseño Príncipe de Gales, que utilizó para realizar un bastidor. En cuanto se dispuso a cubrir el bastidor con pintura encontró al estampado muy bello como para taparlo, por lo que decidió que el estampado formara parte de su obra. Desde entonces los casimires y las diversas telas son un motivo que se reiteran constantemente en sus obras y aportan un papel fundamental en la originalidad de sus trabajos. En esa línea de creación surgió la serie “Braguetas” a fines de los años “70, que remiten a la castración masculina o al machismo criollo, metáfora adecuada para representar al régimen militar que gobernaba nuestro país. Aquí también es posible hablar del uso de la vestimenta y su vinculación con el imaginario social, es decir, con esa estructura de la superficie, de la máscara que representa lo que la sociedad espera de cada individuo, y con la que cada uno consensúa su pertenencia a determinado grupo.