Revista Alta Gama

Cirugía refractiva, solución para la visión

Con más de 40 años de profesión, el oftalmólogo Fernando Guiñazú nos da detalles sobre las posibilidades de este método que puede mejorar la calidad de vida de las personas.

Destinada a liberar a los pacientes de los anteojos, la cirugía refractiva es una intervención eficaz que se realiza tallando en la córnea el lente que cada persona necesita. Con más de 40 años de profesión el oftalmólogo Fernando Guiñazú, fundador del Instituto Oftalmológico Guiñazú, nos cuenta más detalles sobre este tipo de operaciones que permiten mejorar la calidad de vida de las personas.

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“La cirugía refractiva nace en los comienzo de los 90 con la cirugía incisional conocida como queratotomía, que eran incisiones que se hacían en la córnea para aplanarla en casos de miopía o deformarla en el sentido opuesto en los astigmatismos”, comenzó a explicar el experto.

Más tarde, con el advenimiento del láser excimer se comenzaron a tallar a las córneas con un sofisticado sistema de computación: “Se talla en la córnea el lente que la persona necesita, sea una miopía, una hipermetropía, o un astigmatismo”, precisó. En este proceso hay dos posibilidades: realizar la intervención en la superficie del ojo o levantando una especie de lámina de la córnea, para trabajar debajo y volverla a colocar para que se adhiera nuevamente cuando se finaliza la intervención. “En este último la recuperación es muy rápida y al día siguiente el paciente ya se está viendo. El secreto es saber el lecho que uno deja abajo sin tocar, para garantizar que después de bajar las dioptrías necesarias la córnea no se va a deformar”, remarcó el doctor. En el caso de que el tallado se haga en la superficie del ojo, cirugía conocida como PRK, se genera una pequeña úlcera en la córnea por lo que hay que poner un lente de contacto y esperar de tres a cinco días hasta que se regenere esa superficie. “Es un postoperatorio un poco más lento y se utiliza cuando la córnea no es suficientemente gruesa”, indicó a la vez que recordó que en un principio ésa era la única opción hasta que aparecieron los buenos microquerátomos.

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Actualmente y acompañado por los avances de la tecnología también se realiza la cirugía refractiva con colocación de lentes intraoculares que en algunos casos remplazan al cristalino y en otros lo acompañan. «Son necesarios los lentes intraoculares por ejemplo si una persona tiene una hipermetropía de 8 dioptrías o si una miopía llega a 11 dioptrías», aclaró.

También se encuentra en periodo de prueba microlentes para solucionar la presbicia. Los mismos se colocan en el espesor de la córnea y permiten ver de cerca con un ojo y con el otro ver de lejos, sin perder visión. “Es un lente chiquito de 2 o 3 milímetros que va colocado en un bolsillito en la córnea, hay varios modelos y todavía no se sabe cuál va a quedar”, detalló Guiñazú.

En este sentido, el doctor también mencionó un tipo de cirugía más específica llamada lasik guiado por frente de onda: “Es un sistema que se utilizó para los telescopios y que permite ver las aberraciones de alto orden que puede tener un ojo (aproximadamente un 10% de la totalidad del defecto que tiene la persona) y que en ciertos casos haciendo la eliminación de esas aberraciones, la calidad óptica post operatoria es mucho mejor que la convencional”, explicó el doctor quien la describió como el último grito de la cirugía refractiva.

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Según su experiencia, las cirugías más comunes son las que se realizan con láser, salvo marcadas excepciones. “Hay algunos casos en los que no se puede porque la córnea es muy delgada o porque el monto a bajar excede lo que se puede bajar con el láser o porque son córneas muy planas y cuando uno aplana demasiado la córnea dentro de determinados valores pierde calidad la visión”, enumeró.

Trayectoria y profesionalismo

El oftalmólogo Guiñazú comenzó a practicar cirugías refractivas en el año 90 y siempre lo guió una marcada pasión.

“A mí siempre me gustó la refracción que es la prescripción de anteojos, más que nada porque tengo una gran predilección por la física y este tipo de cirugías son lo más cercano a tallar un anteojo pero en el ojo de la persona”, remarcó quien fue un pionero en la materia.

“En ese momento pude ver qué era lo que se venía y la verdad que con el paso del tiempo y de la mano de la tecnología la oftalmología ha tenido un crecimiento exponencial”, destacó.

En su trabajo lucha diariamente contra la banalización de la cirugía: “Yo lo veo como el principal peligro que tiene la cirugía refractiva, que cualquiera que tiene el menor defecto se lo quiere operar y muchas veces el monto del defecto no lo justifica”, señaló refiriéndose por ejemplo a personas que tienen una miopía de una dioptría y están cerca de los 40 años, edad en la que aparece la presbicia, la dificultad para ver de cerca.

Por eso para él es fundamental la comunicación con los pacientes para modular sus expectativas: “Tienen que saber que a pesar de ser rápida, ambulatoria, es una cirugía, no banalizarla, ni frivolizarla, la rectitud del médico es importante como en todos los órdenes de la vida”, recalcó.

Con respecto a las complicaciones, aclaró que son mínimas pero que la posibilidad siempre existe. “Se minimizan los riesgos si uno sabe elegir al paciente que va a andar bien y decirle que no, por más que insista, al que no va a andar bien y ese es un paciente que a la larga resulta agradecido”, aseguró.

En su tarea diaria lo llena de satisfacciones el saber que puede cambiar la vida de muchas personas: “Es una subespecialidad muy gratificante porque habitualmente los pacientes quedan muy felices”, reconoció.

Antes de fundar el Instituto Oftalmológico que lleva su nombre, el experto compartió con otro colega el instituto oftalmológico Santa Lucía hasta el año 2000.

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En síntesis

En la cirugía refractiva con láser lo que se hace es tallar en la córnea el lente que precisa la persona, se puede hacer en la superficie o levantando una especie de lámina en la córnea, para trabajar debajo y volverla a colocar para que se adhiera nuevamente. En este primer caso la recuperación es muy rápida y el secreto es saber el lecho que uno deja abajo sin tocar, para garantizar que después de bajar las dioptrías, la córnea no se va a deformar.

En cambio si se trabaja en la superficie se genera una pequeña úlcera en la córnea por lo que hay que poner un lente de contacto y esperar tres a cinco días hasta que se regenera esa superficie. Se utiliza cuando la córnea no es suficientemente gruesa.

 

 

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